El libro de las puertas
Empecé El libro de las puertas pensando que sería una novela juvenil, pero su mezcla de magia, misterio…

Autor
Género
Saga
Fecha de lectura
28/08/2026 · Papel
Puntuación
★ ★ ★ ★ ⯪
Hay cosas que me han gustado muchísimo de La mala hija y otras que no me han convencido, pero si hay algo que no puedo discutir es que engancha y mucho. Me la leí casi de una sentada, en apenas un par de días, porque desde prácticamente la primera página el ritmo apenas baja. Cada vez que creía tener algo más o menos claro aparecía algún detalle que volvía a hacerme dudar.
El libro va de la desaparición de una adolescente en Almansa, Belén, una chiquilla aparentemente perfecta: buena estudiante, buena amiga, buena hija… pero que también guarda secretos inconfesables.
La investigación está liderada por Alma, capitana de la UCO, que tiene que desplazarse desde Madrid hasta Almansa, su pueblo natal. Allí le espera su hermana Paula, teniente en la localidad. Ambas están distanciadas por traumas de la infancia y la llegada de Alma, que además tiene un rango superior, termina provocando todavía más tensión entre ellas y reabriendo heridas que nunca llegaron a cicatrizar.
Nada más empezar, levanté la ceja con Alma, me pareció quizá la parte más típica de la novela. Una investigadora con mil problemas y unas cuantas cosas turbias del pasado a cuestas. No es un mal personaje, pero tuve la sensación de encontrarme con algo que ya había leído otras veces, demasiado cliché para mí, pero aun así lo pasé por alto porque el libro prometía.
La historia entre Paula y Alma está muy bien construida, con un pasado duro que ha dejado muchas heridas entre ellas y que terminó separándolas. Aun así, no soy muy fan de Paula. Durante todo el libro tuvo ciertas actitudes que no me gustaron.
Y luego está Irene. Ha sido con diferencia mi personaje favorito. Es la mejor amiga de Belén y convive con sus “monstruos”, como ella los llama: TDAH, TOC, autismo y algunos más. Además, es hacker y me gustó muchísimo toda la parte relacionada con ella, cómo se implica y lucha por descubrir qué le ha ocurrido a su amiga y, especialmente, la historia de su amistad con Belén. Ver cómo Belén se va acercando poco a poco hasta conseguir que Irene se abra a ella me pareció de lo más bonito del libro y terminé cogiéndole muchísimo cariño.
Por otra parte, Diego también me gustó. Sus apariciones, casi siempre cargadas de buen humor, con sus chistes y ese tonteo constante con Alma, me parecieron un pequeño respiro dentro de todo lo que se va contando.
Y sí, esta es una novela muy dura. Habla de dramas familiares, dinero, culpa, maternidad, expectativas familiares y de todo lo que puede esconderse detrás de una imagen aparentemente perfecta. Incluso Belén, esa hija que todo el mundo considera perfecta, guarda secretos que nadie imagina. Pero hacia el final esa dureza para mí fue demasiado lejos. Hay pederastia, prostitución de menores y uso de drogas para someter y abusar de adolescentes y, siendo madre, hubo partes que me resultaron especialmente difíciles de leer. No solo por lo que ocurre, sino porque en algunos momentos me pareció demasiado explícito, morboso e incluso innecesario. Creo que se podía transmitir exactamente el mismo horror sin necesidad de mostrar determinadas cosas con tanto detalle.
A pesar de todo esto, el ritmo se mantiene prácticamente durante todo el libro y me tuvo haciendo cábalas continuamente. No todo me funcionó, pero consiguió que quisiera saber qué había ocurrido con Belén hasta el final.
Una de las cosas que más disfruté fue que la historia consiguió mantenerme dudando prácticamente hasta el final. Creo que acabé sospechando de casi todos. ¡Hasta llegué a dudar de Diego e Irene! Fue una auténtica locura ir cambiando de sospechoso cada dos por tres, y eso en un thriller para mí siempre suma muchísimo.
Me tocó muchísimo todo lo relacionado con Irene. No solo por su forma de ser, sino por cómo se implica hasta el final para descubrir quién mató a su amiga y por todo lo que vamos sabiendo de cómo se fue forjando la amistad entre las dos. Para mí fue, con diferencia, el personaje que más corazón le dio a la historia. Sí, aunque durante un pequeñísimo momento del libro también la hice asesina.
Y el final me pareció aterrador por algo mucho más sencillo que todo lo ocurrido anteriormente: el verdadero terror puede estar mucho más cerca de ti de lo que imaginas. Después de todo lo que había pasado, esa idea fue quizá lo que más inquietud me dejó al cerrar el libro.
Hubo varias cosas que me chirriaron y algunas me resultaron directamente poco creíbles. Para empezar, no me gustó nada que Alma le contara a Irene que tiró a su padre por las escaleras. No venía a cuento y no entendí la necesidad de compartir precisamente con ella algo así.
Pero todavía me resultó menos creíble que Gonzalo le contara a su hermana Irene todo lo que habían hecho con Belén. Apenas tienen relación y de repente decide contárselo todo. Entiendo que esa información tenía que salir de alguna manera, pero la forma elegida no me pareció nada natural.
Y hay otra cosa que me dejó completamente descolocada: ¿nadie descubre durante la autopsia que Belén estaba embarazada? No sé si se me escapó alguna explicación mientras leía, pero me cuesta muchísimo creer que algo así pueda pasar desapercibido.
Tampoco terminé de entender qué aportaba toda la historia del chico que había desaparecido años atrás. Que sí, que el vagabundo era su padre, pero esperaba que después de darle tanta importancia acabara teniendo una relación mucho mayor con la trama principal. Cuando terminé el libro seguía preguntándome para qué había servido realmente toda esa historia y para mí terminó siendo bastante de relleno.
Y luego está la escena de Alma con Nayara, una adolescente que está amamantando a su hijo. Alma reflexiona sobre que “el vínculo con una madre se crea cuando esta amamanta a su criatura” y llega a pensar que quizá por eso Cris nunca terminaría de ser su hija. Incluso siente cierta envidia de la maternidad de Nayara. Esta reflexión no me encajó en absoluto. Estamos hablando de una niña que ha sido madre con quince años y no entendí que precisamente esa situación despertara ese sentimiento en Alma. Y, sobre todo, ¿qué quiere decir con ello? ¿Que una madre adoptiva no puede crear un vínculo igual de real porque no ha amamantado? Aquí no entendí qué quería transmitir Pedro Martí.
Me resultó realmente violenta y excesiva la escena en la que Arturo viola a su sobrina. Para mí fue demasiado explícita y creo que no necesitaba tanto detalle para transmitir el horror de lo que estaba ocurriendo. También me resultó durísimo leer cómo el padre de Belén viola a su propia hija, aunque él no supiera que era ella. Entiendo perfectamente la dureza de la historia y lo que pretende contar, pero hubo momentos en los que sentí que se cruzaba una línea hacia algo demasiado morboso para mí.
Y después de señalar tantas cosas que no me convencieron puede parecer que el libro no me ha gustado, pero no es así. La mala hija tiene cosas que me han chirriado bastante y otras que creo que directamente sobraban, pero consiguió algo que para mí es fundamental en un thriller: no quería dejar de leer.
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